El Oscurantismo

Pregunta resuelta
¿Que es el oscurantismo y porque se le llamó asi?
hace 2 años
Mejor respuesta – Elegida por la comunidad
El oscurantismo, como se ha documentado en los estudios sobre la Edad Media, se basa precisamente en la imposición de límites, que afectan la extensión y diseminación del conocimiento.

Uno de los principales objetivos de este control en el medioevo era impedir el cuestionamiento de dogmas. Si bien es muy complejo indagar sobre los orígenes del pensamiento dogmático, éste consiste en la posesión de una doctrina o de un conjunto de creencias sustentadas en la autoridad, que no admiten análisis o evidencias que las invaliden.

Las frecuentes amenazas sobre los precursores del pensamiento científico. Consiste en negar los derechos cívicos-civiles, esta opresión tuvo su auge en la edad medieval en la Santa Inquisición, llamada ahora la Congregación para la Doctrina y la Fé…Es esta época entre las muchas prohibiciones que hubo estuvo la de el dedicarse a las artes es por esto que en esta época casi no hay literatura, pinturas, etc.
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EL OSCURANTISMO
Es como se conoce al período comprendido por la Edad Media (476, fecha de la caída del imperio romano de occidente y el año 1453 año en que cayó el Imperio Romano de Oriente, aunque su influencia se extendió aunque menguada hasta el siglo XVIII).

La oscuridad de la mente humana se hacía palpable, ante la imposibilidad de cuestionar los dogmas religiosos, verdades reveladas que no admitían crítica, ni posibilidad de prueba.

La Iglesia adquirió en esta etapa un inmenso poder que trascendía el ámbito religioso, y así como la adopción del cristianismo hacia fines de la Edad Antigua, durante el mandato del emperador Teodosio, a través del edicto de Tesalónica (24 de noviembre de 380) significó un gran progreso, humanizando las costumbres, en la Edad Media, se produjo un gran retroceso científico, al impedirse elaborar teorías que pudieran contradecir los dichos bíblicos.

El derecho a la libre expresión de las ideas fue coartado al punto tal, que muchos que se atrevieron a ejercerlo terminaron condenados por los Tribunales de la Inquisición.

La antigüedad griega y romana con la profundidad de sus pensamientos, sobre todo los procedentes de Atenas, debieron sufrir un profundo y prolongado letargo, del que despertaron en el siglo XV, cuando el Renacimiento, vino a poner otra vez, las expresiones artísticas y filosóficas, en el ámbito de la libertad creativa. En la Edad Media, el arte y la filosofía tenían un único tema: el religioso cristiano. Los clásicos latinos fueron sin embargo preservados, no así los griegos.

El centro de las preocupaciones humanas, fue Dios (teocentrismo) y hacia allí debían dirigirse todas sus acciones, para lograr una vida virtuosa, de un hombre que llevaba en su propia esencia el pecado original, con derecho a una vida plena solo en el más allá.

En el siglo XI se organizaron las Cruzadas, contra los turcos seléucidas que impedían los peregrinajes hacia Tierra Santa, y así en nombre de la fe, se gestaron luchas encarnizadas contra los infieles, con el fin de unificar la cristiandad. Un mundo cristiano, y un pensamiento cristiano, pusieron al hombre y sus ideas, de rodillas ante Dios. La búsqueda de la verdad científica no era necesaria ante la existencia de la única verdad posible: la revelada por el Creador.

La cultura de la época estaba en manos de los clérigos, que monopolizaban los saberes. El trabajo no debía tener fin de lucro, sino la mera supervivencia.

El descubrimiento de las nuevas tierras americanas, en el siglo XV, por la expansión ultramarina europea, significó un gran avance para el conocimiento de la época. El mundo se amplió geográficamente, y el hombre comenzó paralelamente a abrir su mente a ideas nuevas, naciendo el Humanismo.

Sin embargo la lucha de la luz sobre las tinieblas de la mente, no fue fácil ni repentino. Galileo Galilei, por ejemplo, en pleno siglo XVII, fue censurado por sus hallazgos científicos por parte de la Iglesia. Sus estudios que confirmaron la teoría heliocéntrica copernicana, le valieron una condena por la que debió retractarse de sus descubrimientos.

El Renacimiento, la división del cristianismo en católicos y protestantes, con el consiguiente debilitamiento de la Iglesia católica y las ideas del Iluminismo, hicieron nacer una nueva forma de pensamiento crítico, que conduciría a la Revolución Francesa.
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Hitos en la historia de la quema de libros
La quema de libros y la destrucción de bibliotecas tiene una larga historia y pertenece a los lamentables capítulos de la censura, el fanatismo, la guerra y la estulticia. Estos son algunos de los sucesos documentados:

La quema de libros y asesinato de académicos en la China de Qin Shi Huang en el año 212 a. C.; muchos intelectuales que desobedecieron la orden fueron enterrados vivos.
Los libros de alquimia de la enciclopedia de Alejandría fueron quemados en 292 por el emperador Diocleciano.

A comienzos del siglo XVI, los musulmanes en la península ibérica tenían la obligación de entregar a las autoridades españolas los libros escritos en árabe, siéndoles devueltos los que versaran sobre medicina, filosofía o historia, y quemados los demás.[1]

En el año 367, Atanasio el obispo rebelde de Alejandría, emitió una carta de pascua en la cual exigía que los monjes egipcios destruyeran todos aquellos escritos inaceptables, excepto aquellos que el particularmente etiquetó como aceptables y canónicos. Esa lista es lo que actualmente constituye el Nuevo Testamento. Los textos heréticos no aparecieron como palimpsestos, borrados o sobrescritos como los textos paganos; de esta manera muchos textos de principios de la era cristiana se perdieron como si estos hubieran sido públicamente quemados. El Evangelio de Judas recientemente redescubierto en Egipto, fue un libro que se perdió mediante esta práctica de destrucción privada de información.
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Hitos en la historia de la destrucción de bibliotecas
La historia de la destrucción de las bibliotecas acompaña a la historia de la humanidad y parece no tener fin. Estos son algunos de los principales hitos documentados:

El Papiro de Ipuur, narrado por “el príncipe Ipu”, partidario del viejo orden, describe como fueron destruidas, entre otras cosas, muchas bibliotecas de templos durante el primer periodo intermedio de Egipto (ca. 2175 a 2040 a. C.) Posiblemente, se trata de la primera revolución social documentada.

Las desavenencias entre los clérigos partidarios de Amón y los de Atón provocaron la destrucción de las obras de sus adversarios, que incluso borraron escrupulosamente de todo el país el nombre del principal valedor de Atón, el faraón Ajenatón (ca. 1353 – 1337 a. C.)

Cuando Nínive es arrasada en 612 a. C., se destruyó la biblioteca real de Asurbanipal, que contenía relatos como: la Epopeya de Gilgamesh, el mito de Adapa, o el pobre hombre de Nipur, precedentes de los relatos bíblicos y de Las mil y una noches.[1] Afortunadamente, muchos restos de tablillas cerámicas fueron halladas por los arqueólogos.

Heródoto escribió que cuando Cambises invadió Egipto en 525 a. C., arrasó los templos y quemó todo resto de cultura del país, quedándose sólo con el oro, pues este no ofendía su memoria.

En la fortaleza de los espíritus del palacio de Darío I (ca. 549 – 485 a. C.) en Persépolis, se guardaban los archivos de los reyes aqueménidas, grabados en plomo y estaño, en una oscura sala (la 33 del Tesoro). Fue incendiada, pero la leyenda cuenta que se salvaron los dos únicos manuscritos de Zoroastro: «el libro de los libros de Persia», escrito con letras de oro, aunque pocos siglos después fueron destruidos en el incendio de la Biblioteca de Alejandría, donde estaban depositados.

El tirano griego Pisístrato, reunió en su Biblioteca las obras de la época –inicialmente, con el objetivo de componer la Ilíada–, pero fue saqueada por Jerjes en 480 a. C.

La Gran Biblioteca de Alejandría, foco de la cultura helénica, promovida por los Ptolomeos, donde intentaron compilar todo el conocimiento de la época, era «la editorial más grande de la antigüedad» según Vitruvio, y sucumbió el año 48 a. C., en el incendio que devastó la ciudad de Alejandría durante el asedio de César. Aunque los cronistas romanos de la época omiten el acontecimiento y otros lo consideran destrucción parcial o lo posponen, achacándolo a líderes fanáticos, tales como el obispo Teófilo o el califa Omar.

Cuando Teodosio I (379 – 395) declaró religión oficial al cristianismo, comenzó la persecución de lo pagano, y los seguidores del obispo Teófilo, destruyeron todos los libros depositados en el Serapeum de Alejandría, los restos de la Gran Biblioteca y las de los templos. El sacerdote hispano Paulo Orosio, que viajó a Alejandría veinte años después, escribió en su Historias contra los paganos: «Existen hoy templos, que nosotros hemos visitado, cuyos estantes de libros han sido vaciados por los hombres de nuestro tiempo».[2]

La biblioteca de la residencia de los papas en Letrán, disponía de numerosos libros de diversos autores clásicos griegos y latinos que fueron ordenados quemar por Gregorio I (590) «el cónsul de Dios», perdiéndose ejemplares de Cicerón, Tito Livio y otros muchos autores, alegando que «los jóvenes prefieren esas lecturas al Nuevo Testamento». A partir de este pontífice se consideró que la sola proximidad de un libro pagano puede poner en peligro un alma piadosa.[3]

Egipto es declarado islámico en 604; los Libros de la sabiduría estaban depositados en los Tesoros reales, pero en 633 Omar proclamó: «…si lo que dice en ellos es conforme al Libro de Dios no permite ignorarlos, pero si hay algo en ellos contra el Libro, son malos, sea como sea, destrúyelos.» Se utilizaron como combustible.
Por haberle privado de su amor, la esposa del rico príncipe fatimí Mahmud al Dawla bin Fatik, después de su fallecimiento destruyó su biblioteca, una de las cuatro más admirables de El Cairo. El príncipe, gran poeta, adoraba leer y escribir noche tras noche.

Los cruzados sitiaron Trípoli en 1099. Rendida la ciudad sin combate, los vencedores, entre otras tropelías, prendieron fuego a la Biblioteca. Un sacerdote, viendo la multitud de ediciones del Corán depositadas en sus estanterías ordenó su incendio.

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