Exploradores

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  1. Los grandes exploradores del Islam (Parte I)Publicado el Junio 28, 2008 por nurain magazine Mucho antes de que los pueblos de Europa occidental entraran en contacto -a partir del siglo XVI- con tierras y civilizaciones desconocidas para ellos, otra de las culturas del viejo mundo, la musulmana, hacía rato ya que se venía empapando en el arte de los descubrimientos. Desde la primera mitad del siglo IX y tras caer en desuso en la Europa medieval, el astrolabio –originalmente un invento griego- volvió a ser usado por los astrónomos árabes reunidos por el califa al Ma’amûn en la “Casa de la Sabiduría” (Bait al Hikmah) de Bagdad para, entre otras cosas, orientarse en sus viajes marítimos.Otro tanto sucedió con la brújula, cuya invención se atribuye a los chinos. En las crónicas árabes, la misma aparece mencionada por primera vez en el año 1220, aunque probablemente ya fuera utilizada por los árabes desde mucho antes, siendo ellos quienes -con toda seguridad- la introdujeron en Europa donde pronto fue empleada por los vikingos. También a partir del siglo IX, la civilización musulmana comenzó a afirmar con insistencia la esfericidad de la tierra, sin que esta circunstancia plantease ningún problema teológico para las autoridades religiosas del Islam medieval.El astrónomo de origen persa Abu l Abbas al Fargani (813-882) -conocido en el mundo latino como Alfraganus- estableció en su “Libro de la ciencia de las estrellas y movimientos celestes” que la longitud del perímetro terrestre en el ecuador es de 20.400 millas árabes (es decir, unos 40.260 km) cifra asombrosamente cercana a su valor correcto (40.075 km). Nacido en Ceuta en 1099 y muerto probablemente en Sicilia en 1165, Abu Abdullah Muhammad al Idrisi es considerado como el más importante cartógrafo de la Edad Media.En 1154 confeccionó un famoso mapamundi incluido en su libro titulado con el sugerente nombre de Nuzhat al Mushtak fi Ijtirak al Afak (“Pasatiempo de quien está poseído por el deseo de abrir horizontes”). A pesar de los limitados medios de la época, esta obra constituye sin duda el nacimiento de la cartografía moderna, pues presenta la novedad de ser el primer mapa donde se abandona la tradicional utilización de formas geométricas basadas en los mapas de Ptolomeo y, por primera vez, se representan fielmente las costas, las islas, los cursos de agua, las montañas e incluso la localización de las grandes poblaciones.Desde comienzos de la Edad Media, los territorios centrales del Islam estuvieron atravesados por las rutas del comercio internacional, en especial, la llamada “Ruta de la Seda”, que conectaba Europa del este con Oriente Próximo y el Extremo Oriente a través de una red de rutas caravaneras que transitaban toda Asia. La otra gran ruta comercial conectaba, mediante una red de caminos que atravesaban todo el desierto del Sahara, las más importantes ciudades del norte de África (como Fez, Túnez o El Cairo) con los grandes imperios musulmanes del África subsahariana. De este modo, el Islam se expandió regularmente a lo largo de esas arterias comerciales, penetrado en los corazones de Asia y África.El desarrollo de los estudios astronómicos, cartográficos y geográficos en el mundo islámico, combinado con la mejora de las técnicas de navegación, permitieron a las flotas musulmanas –como la aglabí, la fatimí, la meriní, la berberisca o la otomana– controlar, casi en su totalidad, las grandes rutas marítimas en el Mar Mediterráneo desde el siglo VIII hasta mediados del XVII. Pero no sólo el Mare Nostrum de los romanos se convirtió en un Mare de los Islamicum, sino que navegantes, viajeros y comerciantes musulmanes (árabes, persas o negros) del Asia occidental y del África oriental se adueñaron también del Océano Índico. Desde mediados del siglo IX, comerciantes árabes y persas viajaron con regularidad hasta sus factorías en las costas de Java, Sumatra o China gracias a su capacidad de dominar los vientos monzónicos mediante el empleo de grandes embarcaciones con el velamen triangular e ideadas para poder navegar incluso contra el viento, muchos años antes de que esta técnica se desarrollara en aguas del Océano Atlántico.Fruto de esta actividad viajera se desarrolló un género literario específico, de modo que llegaron a escribirse todo tipo de tratados, entre los que destaca el de Ahmad ibn Mayid hacia 1450, una guía náutica del mar Rojo y del Océano Indico que sirvió de referencia y modelo durante los siguientes siglos. En otras ocasiones se trataba de simples cuentos populares repletos de fantasía –como el famoso relato de “Simbad el marino”, narrado en Las mil y una noches– aunque también abundaron las precisas descripciones de las tierras y de las gentes con las que se entraba en contacto.En busca de aventuras Son numerosos los viajeros musulmanes que encarnan el arquetipo del espíritu aventurero de la época. El primero de ellos, Abu l Hassan Ali ibn al Hussain al Masudi (“Abu” para los amigos) representa uno de los autores culminantes de la llamada literatura de viajes. Nacido en el año 871 en Bagdad y muerto 86 abriles más tarde en El Cairo, no sólo fue un infatigable viajero que recorrió buena parte de Oriente -India, China y Sri Lanka, al Andalus (sur de España) y las costas de África oriental- sino que además estudió diversas disciplinas como cosmología, historia y geografía, culminando sus trabajos con el libro titulado Muruj adh dhahab wa maadin al jawhar (“Los prados de oro y las canteras de joyas”), obra enciclopédica de treinta volúmenes donde refleja las observaciones y los estudios realizados durante sus viajes. Por cierto, que bellos títulos ponía esta gente a sus obras. El segundo de estos grandes viajeros musulmanes es Abu Hamid al Garnati (1080 -1169). Como indica su apodo al Garnati, nació en Granada, y recorrió el norte de África, Siria, Iraq, Persia, Rusia y Transoxiana (región histórica del Turkestán -en Asia Central- situada entre el Mar de Aral y la meseta del Pamir, actualmente repartida entre los países de Uzbekistán, Kazajistán, Turkmenistán y Tayikistán; su nombre significa “más allá del río Oxus”). Su crónica de viajes, titulada Tuhfat al albab (“Regalo de los corazones”), es la principal representante de la cosmografía popular de la época.Ibn Batuta Probablemente, el más conocido de todos los viajeros musulmanes de la Edad Media sea Shamsuddin abu Abdullah Muhammad ibn Ibrahim al Luwati at Tanyi, más conocido como Ibn Battuta. Nacido en Tánger (como bien indica su gentilicio at tanyi) en 1304, emprendió su primer viaje en junio de 1325 con intención de realizar la peregrinación a La Meca. Llegó a la ciudad santa tras recorrer todo el norte de África, Palestina y Siria, y de ahí volvió a ponerse en marcha recorriendo Iraq y buena parte de Persia (en concreto, Kurdistán, al noroeste del país y Fars, al sur). Regresó a La Meca y residió en ella por espacio de tres años, para visitar luego el sur de la Península Arábiga, regresar a La Meca, emprender un nuevo viaje a Egipto y Siria, y de allí a la península de Anatolia, el sur de Rusia y finalmente Constantinopla, que por aquella época era la capital del Imperio Bizantino.Tras una estancia en aquella ciudad, recorre los territorios de la Horda de Oro (estado mongol que abarcó parte de las actuales Rusia, Ucrania y Kazajistán tras la ruptura del Imperio Mongol a mediados del siglo XI) dirigiéndose luego hacia el este hasta llegar al valle del Indo en septiembre de 1333. Residió durante diez años en la India y en las islas Maldivas y luego siguió viaje a oriente, hasta llegar a Ceilán, Bengala y China.Hacia 1347 emprendió el camino de regreso y llegó a Fez en noviembre de 1349, veinticuatro años después de abandonar su ciudad de origen, donde se establecería unos pocos años antes de comenzar su segundo viaje, en esta ocasión por al Ándalus y el África occidental, hasta la curva del río Níger.Una vez de vuelta a Marruecos, Ibn Battuta escribió un pormenorizado relato de sus viajes. Prácticamente todo lo que sabemos sobre su vida procede de esta obra, la cual, a pesar de mostrar en ocasiones ciertos prejuicios hacia los habitantes de las tierras visitadas, podemos considerarlo como el retrato más fiel hecho hasta ese momento de los países y pueblos visitados por el autor.Tras la publicación de su Rihla o libro de viajes, se conoce poco de la vida de Ibn Battuta. Tan solo sabemos que podría haber sido nombrado qadi (juez) en Marruecos y que allí murió en algún momento entre 1368 y 1377. Durante siglos su libro fue desconocido, incluso dentro del mundo musulmán, pero en el siglo XIX fue redescubierto y traducido a varios idiomas europeos. Desde entonces Ibn Battuta ha aumentado su fama y es ahora una figura bien conocida en todo el mundo, llegando a ser recordado en algunos círculos occidentales como “el Marco Polo del mundo árabe”.Juan Leon El Africano El último de los grandes aventureros musulmanes del período medieval es Hasan ibn Muhammad al-Wazzan al-Fasi, más conocido en occidente por el nombre cristiano de “Juan León el Africano”. Aunque nacido en el reino nazarí de Granada en el año 1488, en las postrimerías de la Edad Media, su figura todavía representa el viejo espíritu de aventura que animó a los viajeros y exploradores musulmanes del medioevo.Hasan abandonó Granada en su infancia, cuando la ciudad cayó en poder de los Reyes Católicos en 1492, y se estableció con su familia en la ciudad marroquí de Fez. Allí recibió una esmerada educación, llegando a estudiar jurisprudencia islámica en la Universidad de al Qarawiyyîn, aunque pronto abandonó todo para acompañar a su tío en un viaje diplomático hacia Kano, Tombuctú y otras ciudades del África occidental subsahariana. Pocos años más tarde, Hasan había cruzado ya varias veces el Mar Mediterráneo, visitando Constantinopla, Egipto y probablemente también Arabia. A los veinticinco años, mientras viajaba una vez más por dichas aguas, un grupo de piratas cristianos lo capturó cerca de la isla de Creta.Reconociendo su inteligencia y sabiduría, en vez de venderlo como esclavo, lo entregaron al Papa León X quien, en 1520, dado el respeto que le profesaba, lo liberó y lo bautizó con su propio nombre, Giovanni Leone di Medici, aunque pronto se le conocería como Leone il africano.El Papa le solicitó que escribiera una obra en la que recopilara todos los conocimientos adquiridos durante sus viajes por África. Así, Juan León compuso, en lengua italiana, su obra más importante, la cual llevó como título Della descrittione dell’Africa et delle cose notabli che ivi sono (“Descripción de África y de las cosas notables que allí hay”).Tan importante fue este texto de Hasan ibn Muhammad, que durante mucho tiempo no existió otra obra en occidente donde se hablara de Sudán. Fallecido León X en 1521, Hasan se trasladó a Boloña, visitó otras ciudades italianas como Florencia o Nápoles, y todavía tuvo tiempo de redactar otros libros como una traducción al árabe de las Cartas de San Pablo, las biografías de treinta personajes árabes ilustres (de los cuales veinticinco son musulmanes y cinco judíos), o un diccionario trilingüe árabe-latín-hebreo. Los últimos años de su vida transcurrieron en Túnez, donde se convirtió de nuevo al Islam y falleció en torno a 1554.Durante todo el medioevo, los pueblos afroasiáticos exploraron por tierra y por mar y elaboraron modelos astronómicos que no llegarían a ser formulados ni aceptados en Europa sino hasta varios siglos más tarde. Para entonces, buena parte de los pueblos musulmanes ya conocían la redondez de la tierra a la vez que viajaban a los lugares más remotos, guiados por una insaciable curiosidad y un verdadero afán de conocimiento.Y así fue cómo llegaron a América mucho antes que sus vecinos del norte. Pero esa ya es otra historia que aquí no voy a relatar. Deberán, pues, esperar el próximo número.Fuente principal: texto redactado por Alif NûnEnlace a Los grandes exploradores del antiguo Islam (Parte II)

  2. Sobre NurainmagazineNurain Magazine es el portal de difusión informativa, sobre la cultura, civilización, sucesos, noticias en General y lo relacionado con los musulmanes y el Islam en particular.Nurain Magazine es un portal publicado por la Asociación Socio-Cultural Nurain con número de inscripción: G1/S1/14176-07/GC, el 3 de enero del 2007, un proyecto aprobado por la junta directiva de esta entidad cultural sin fines lucrativos en su Reunión del 25 de septiembre del 2006. Entre los principios sobre los que se basa la Asociación Socio-Cultural Nurain resalta la independencia de cualquier ente gubernamental o partidista, defendiendo la libertad de conciencia y la libertad de expresión responsable.El fin de este proyecto, es la publicación de un magazine diario que sirva como herramienta para confeccionar puentes de diálogo, entendimiento y acercamiento entre las diferentes tendencias de nuestra sociedad. Las opiniones que se difunden en este magazine no necesariamente coinciden con los principios de la Asociación Socio-Cultural Nurain, por lo que siendo nuestra regla fundamental el respeto y las buenas maneras, no nos hacemos responsables del contenido de las mismas.

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